La Patagonia Chilena Existe y Resiste (2):El Fin de la Pat-agonía.

El fin de la Pat –agonía.


El movimiento social por Aysén que tiene lugar por estos días en la Patagonia chilena se caracteriza por ser transversal: los dirigen alrededor de 20 representantes de sectores tan diversos como la pesca, los estudiantes, obreros, campesinos, comercio y empleados fiscales, entre otros.

Tan variado abanico de actores se unen para exigir el cumplimiento a sus demandas sociales. Además sus propios dirigentes afirman que aquí no hay “color político”, ya que la mesa de trabajo del movimiento lo conforman simpatizantes de izquierda como de derecha. Esta es sin duda una de las razones por la que el movimiento tiene cada día más adherentes, “tenemos que avanzar con sentido de cardumen” dice Iván Fuentes, dirigente de la pesca artesanal y rostro del movimiento, así parece haberlo entendido y practicado la mayoría. El nuevo tipo de liderazgo que encarna este hombre ha sido uno de los puntos a favor del movimiento, siendo eficaz en la resolución del conflicto.

Pero ¿bajo qué circunstancias y cómo opera un movimiento de esta magnitud y fuerza?
Sin duda un país como chile donde un sistema económico tan violento como el neoliberal se pasea de la mano de una delgada y frágil democracia, sumado a la poca capacidad de estos modelos de alinearse con las múltiples realidades culturales son el caldo de cultivo para este tipo de explosión social.
Sin embargo no es suficiente. Es necesario que un discurso o relato colectivo defina una serie de problemáticas específicas como la desigualdad, el aislamiento, la falta de oportunidades, la contaminación, para que luego los dirigentes sean capaces de plantear soluciones que en este caso están señaladas en 11 propuestas que el movimiento envió al gobierno. Temas como la rebaja al impuesto de los combustibles, salud de calidad, la existencia de una universidad en la región. Plebiscitos vinculantes para los megaproyectos. Cambios estructurales en la ley de pesca, son algunos de los puntos que se señalan en el documento.

Simultáneamente es necesario ir construyendo una identidad, un “nosotros” que pueda diferenciarse de aquellos sobre los que recae la responsabilidad. En medio del conflicto, de la represión lo único que parece resurgir con fuerza a reclamar su lugar es la identidad de los aiseninos. Sin duda por estos días los habitantes de la Patagonia son más patagones que nunca, y esta condición no deja indiferente a ninguno de ellos.

Al mismo tiempo se hace necesario definir acciones de protesta que llamen la atención de los medios. En este sentido el bloqueo de caminos como medida de presión resultó ser eficaz, a pesar de tener graves consecuencias para la comunidad que, después de un mes de bloqueos y corte de ruta, quedó completamente desabastecida de insumos tan básicos como alimentos y combustibles.
Pero este hecho en ves de bajar la intensidad del conflicto hizo justamente lo contrario, pues la heroica resistencia de los aiseninos ante la insensibilidad del gobierno sólo genero una cadena solidaria que dio cuenta de la tremenda capacidad organizativa y de autogobierno que tiene la población. Así las mujeres de Puerto Aysén, centro físico del conflicto, no se demoraron en organizar ollas comunes, mientras en las otras localidades se llevaron a cabo campañas para recolectar alimentos para apoyar a los aiseninos, toda esta ayuda sirvió para palear el hambre, no sólo física sino también de hermandad. Hay que mencionar la ayuda del pueblo argentino que rápidamente abrió centros de acopio de alimentos para que crucen la cordillera en apoyo al movimiento.

El sector público y el comercio también ejercieron presión mediante paros indefinidos. Mientras la población en general participa diariamente de marchas, cacerolazos, S.O.S humanos, asambleas comunales, eventos culturales donde los artistas nacionales y regionales hicieron lo suyo, y hasta los más alejados habitantes de estas tierras decidieron bajar a las ciudades montados en sus caballos para decir presente.

Este tipo de movimientos sociales delata la distancia que existe entre los partidos políticos (altamente centralizados y jerarquizados) de las bases sociales de las que surge la necesidad de llevar a cabo ellos mismos las demandas, oponiéndose a los mecanismos tradicionales para hacerlo y cuestionándolos duramente, generando la esperanza de que surjan nuevas formas de organización social que atienda a los problemas locales, que sean acordes con las diversas realidades culturales que cohabitan en esta larga y angosta faja de tierra.

Gabriela Azócar

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