El tiempo no para

El tiempo es un recurso renovable y sostenible. Aunque esta afirmación suene más bien falsa debido a que tarde o temprano todos perecemos, no se puede negar que al largo de nuestra vida podamos encontrar una fuente de recursos parecida al tiempo. Sea cual sea tu lugar de nacimiento, tu relación con el sistema económico o tu posición social, cada mañana tienes a disposición 24 horas -habría que descontar las dedicadas al sueño-. Y no importa a que hayas dedicado los minutos y segundos del día de hoy, si has sido capaz de generar unos u otros servicios o productos. A la mañana siguiente seguirás contando con todos ellos para volver a dedicar tu energía a lo que puedas-quieras. 

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Si bien es cierto que la conversión entre esas horas y el dinero condiciona claramente el objeto al que dedicamos este recurso tan abundante, no lo es menos el hecho que la recuperación del control de nuestro tiempo nos invita y casi provoca a buscar caminos para convertir estas horas a los enseres y los servicios que nos son necesarios. Si evitamos el trámite de convertir el tiempo en divisa, nos libramos de una parte considerable de las presiones que determinan muchas de nuestras acciones y inacciones durante nuestra jornada.

¿Y para que dan las horas de un día? En jornadas como la vivida el pasado sábado 18 de abril, acogidas por el BdT del Pont del Dimoni de Girona, lo descubrimos y nos dejamos asombrar por ello. Aprender idiomas, arreglar tu bici, conseguir un corte de pelo, aprender a tocar un instrumento, conseguir alojamiento, gozar de una rica comida y conocer gente de todo el país y el mundo que cada día aprovecha más su tiempo. Por poner una lista cortita de lo incontable que abarca este evento tan especial. 

Las agujas del reloj no se detienen y ya no es motivo de desaliento. Con el tic-tac descubrimos que cada día gozamos de otra oportunidad de reinventarnos y de buscar esas actividades que nos dignifican y nos satisfacen. El tiempo no para y con su avance, en los bancos del tiempo descubrimos que lo importante no son ni las horas ni las unidades de intercambio, sino las personas con las que compartimos este recurso que nos vió nacer y que nos acompañará hasta el último suspiro. 

l’Optimista

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